fractura de la mandibula
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La fractura de la mandíbula es la rotura total o parcial del hueso mandibular, casi siempre provocada por un traumatismo. Se manifiesta con dolor, hinchazón y dificultad para morder o abrir la boca, pero sobretodo por que los dientes no encajan adecuadamente.  El tratamiento va desde el reposo con dieta blanda hasta la cirugía con placas de titanio, y la mayoría de los pacientes se recuperan por completo de seis a ocho semanas.

En Clínica IMOS queremos que conozcas todos los detalles al respecto, para que sepas cómo actuar en caso de que tengas una fractura de este tipo. 

¿Qué es la mandíbula y por qué se fractura?

La mandíbula, o maxilar inferior, es el único hueso móvil de la cara. Se conecta al cráneo a través de dos articulaciones temporomandibulares (ATM), situadas justo delante de cada oreja, y aloja los dientes inferiores. Su función es constante, interviene en cada masticación, en cada palabra y en cada bostezo.

Precisamente esa movilidad y su posición expuesta la convierten en un hueso vulnerable ante los impactos. Las fracturas mandibulares ocupan el tercer lugar en frecuencia entre las fracturas faciales, después de las nasales y las de los pómulos. Las causas más habituales son los accidentes de tráfico (con patinete lo más frecuente actualmente) las agresiones físicas, las caídas y los traumatismos en deportes de contacto. Con menos frecuencia, pueden producirse tras extracciones dentales complicadas en pacientes con hueso debilitado por patología previa, como pérdida ósea severa, osteonecrosis o enfermedad periodontal avanzada.

La mandíbula forma un arco continuo. Cuando recibe un impacto fuerte, con frecuencia se rompe en dos puntos simultáneamente. El lugar del golpe directo y otro punto opuesto donde el hueso absorbe el contragolpe. Por eso, ante cualquier fractura mandibular, el especialista evalúa la estructura completa y no solo la zona dolorosa.

mandibula fracturada

 

Clasificación y tipos de fractura mandibular

No todas las fracturas de mandíbula son iguales. La localización y el tipo de trazo determinan el tratamiento y el pronóstico.

Por localización anatómica

Localización Qué es y cuándo ocurre
Sínfisis mandibular Zona central del mentón. Frecuente en golpes frontales directos.
Parasínfisis Lateral a la sínfisis, entre el canino y el segundo premolar. Asociada a golpes laterales.
Cuerpo mandibular Tramo horizontal que aloja los molares. Riesgo de afectación del nervio dentario inferior.
Ángulo mandibular Zona posterior donde el cuerpo se une a la rama ascendente. Una de las localizaciones más comunes.
Rama mandibular Porción vertical ascendente. Menos frecuente por la protección muscular que la rodea.
Cóndilo mandibular Extremo superior de la rama que articula con el cráneo en la ATM. Común en niños y adultos jóvenes.
Apófisis coronoides Proceso óseo anterior a la rama. Fractura poco frecuente, casi siempre asociada a otros traumatismos faciales.

Por el tipo de trazo

El cirujano valora no solo dónde se rompe el hueso, sino cómo:

  • Fractura simple o lineal: el hueso se rompe en una sola línea sin desplazamiento significativo. Es la de mejor pronóstico.
  • Fractura doble o bifocal: dos trazos simultáneos, habituales por el mecanismo de golpe-contragolpe.
  • Fractura conminuta: el hueso se fragmenta en múltiples trozos tras un traumatismo fuerte. Requiere reconstrucción quirúrgica.
  • Fractura abierta o compuesta: los fragmentos óseos contactan con el exterior a través de la piel o la mucosa oral. Implica mayor riesgo de infección.

¿Cómo saber si tienes la mandíbula fracturada?

El dolor mandibular tras un golpe no siempre indica fractura, pero hay señales de alerta que no conviene ignorar. Los síntomas más frecuentes son los siguientes:

  • Dolor intenso en la mandíbula o la cara que empeora al masticar, hablar o intentar abrir la boca.
  • Hinchazón y hematomas en la zona afectada, a veces con deformidad visible.
  • Maloclusión: la mordida se siente diferente, los dientes no encajan como antes del golpe. 
  • Dificultad para abrir completamente la boca o, en algunos casos, incapacidad para cerrarla.
  • Entumecimiento u hormigueo en el labio inferior o el mentón, señal de que el nervio dentario inferior puede no estar bien. 
  • Sangrado en la boca, especialmente si la fractura ha atravesado la mucosa oral.
  • Dientes flojos, desplazados o fracturados en el punto de impacto.
  • Desviación de la mandíbula hacia un lado al intentar abrir la boca.

Hay situaciones en que la fractura de mandíbula puede afectar a la vía aérea o provocar hemorragias que requieren atención urgente. Por este motivo, debes acudir rápidamente a un profesional ante la dificultad para respirar, sangrado abundante que no cede, pérdida de consciencia momentánea tras el golpe o fragmentos óseos visibles. En el resto de casos, la valoración debe hacerse pronto, ya que la inflamación progresiva puede dificultar tanto el diagnóstico como la cirugía.

Si sospechas de una fractura de mandíbula, contacta con el equipo de cirugía oral y maxilofacial de IMOS Clínica para una valoración personalizada.

Diagnóstico: exploración clínica y pruebas de imagen

El diagnóstico combina la exploración manual con estudios de imagen. El especialista evalúa la oclusión dental, palpa el arco mandibular en busca de escalones o puntos de máximo dolor, y valora la apertura bucal y la desviación al abrir. Las pruebas de imagen más habituales son las siguientes:

  • Ortopantomografía (OPG): la radiografía panorámica dental ofrece una visión global de toda la mandíbula y es la primera prueba que se solicita. Permite identificar la mayoría de las fracturas de cuerpo, ángulo y rama.
  • Tomografía computarizada (TC): imprescindible cuando se sospecha fractura condilar, conminuta o afectación de estructuras adyacentes. Proporciona reconstrucciones tridimensionales que guían la planificación quirúrgica.
  • CBCT (cone beam): muy útil en entornos de cirugía maxilofacial por su menor dosis de radiación, especialmente para el estudio detallado del cóndilo y la ATM.

Una fractura condílea desplazada, por ejemplo, puede pasar desapercibida en una panorámica si no se complementa con proyecciones adicionales. La experiencia del clínico al interpretar estas imágenes es tan determinante como la prueba en sí. En Clínica IMOS contamos con una larga trayectoria en este sentido. Por lo que no tienes de qué preocuparte. 

Tratamiento de la fractura de mandíbula

El plan de tratamiento depende de la localización, el desplazamiento, el estado general del paciente y su situación dental. No hay una solución única, ya que cada caso requiere una estrategia individualizada.

Tratamiento conservador: sin cirugía

Las fracturas sin desplazamiento, favorables respecto al trazo, incompletas o condilares leves en pacientes jóvenes o niños con buena musculatura pueden manejarse sin intervención quirúrgica:

  • Dieta blanda o líquida durante cuatro a seis semanas para reducir la carga mecánica sobre el hueso.
  • Analgesia y antiinflamatorios pautados por el especialista.
  • Antibioticoterapia en fracturas abiertas o con riesgo de infección.
  • Fijación intermaxilar elástica: bandas elásticas entre los dientes superiores e inferiores que guían la oclusión sin inmovilizar completamente la boca, permitiendo una apertura controlada.
  • Revisiones periódicas con control radiológico para verificar la consolidación.

El cumplimiento del paciente es fundamental. Una mandíbula sometida a esfuerzos durante la fase de consolidación puede desplazarse y acabar requiriendo cirugía.

Tratamiento quirúrgico: reducción y fijación interna

Cuando la fractura está desplazada, es inestable o compromete la oclusión, la cirugía es la mejor opción. Se realiza una reducción abierta con fijación interna (RAFI), se recolocan los fragmentos óseos en su posición correcta y se fijan con placas y tornillos de titanio quirúrgico.

  • Generalmente abordaje es habitualmente intraoral, a través de la mucosa bucal, evitando cicatrices visibles en la piel.
  • En fracturas del ángulo, el cóndilo o casos complejos, puede ser necesaria una pequeña incisión cervical o preauricular, que queda muy disimulada.
  • Las placas de titanio son biocompatibles, no generan artefactos en resonancia magnética y, en la mayoría de los casos, no es necesario retirarlas.
  • A diferencia del alambrado intermaxilar clásico, la fijación rígida actual permite comer alimentos blandos desde el mismo día de la cirugía y recuperar la movilidad de forma precoz.

En casos con maloclusión severa asociada, puede valorarse combinar el tratamiento de la fractura con cirugía ortognática o cirugía ortofacial para corregir de forma simultánea la posición de los maxilares.

Recuperación: tiempos, alimentación y rehabilitación

La recuperación suele establecerse en diferentes fases: 

  • Semanas 1 – 2: inflamación máxima, dolor controlado con medicación y dieta líquida estricta. Generalmente y sobretodo antes fracturas desfavorables estas dos primeras semanas el paciente tiene la boca bloqueada con gomas para mantener la estabilidad, y asegurar que los huesos consoliden adecuadamente.
  • Semanas 3 – 4: descenso de la inflamación e inicio de dieta blanda (purés, yogur, huevo). El hueso empieza a consolidar.
  • Semanas 5 – 8: consolidación avanzada. Introducción poco a poco de alimentos de textura normal, de menor a mayor dureza.
  • A partir del mes 3: recuperación funcional completa en la mayoría de los pacientes. Se realizará un control radiológico final.

La nutrición es un factor que muchos pacientes subestiman y no le prestan la atención que merece. El hueso necesita proteínas y calcio para regenerarse, pero la dieta está muy limitada en las primeras semanas.

  • Fase líquida: batidos de proteínas, caldos enriquecidos, zumos naturales, leche y suplementos nutricionales. La ingesta calórica debe mantenerse para evitar pérdida de masa muscular.
  • Fase blanda: purés de verduras y legumbres, huevos revueltos, pescado en salsa, yogur natural, requesón, plátano maduro y arroz muy cocido.
  • Higiene oral: imprescindible tras cada comida. Enjuagues con clorhexidina e irrigador oral para eliminar restos bajo los alambres elásticos o entre los dientes.
  • Evitar siempre: alimentos duros, crujientes, pegajosos o muy calientes durante toda la fase de consolidación.

Superada la consolidación, algunos pacientes presentan limitación de apertura bucal o rigidez articular, sobre todo en fracturas condilares. La fisioterapia maxilofacial incluye ejercicios de apertura progresiva, movilización de la ATM y técnicas de relajación muscular. En casos relacionados con disfunción de la ATM, puede complementarse con artroscopia de la articulación temporomandibular.

La rehabilitación temprana, siempre guiada por el especialista, mejora significativamente el resultado funcional a largo plazo.

fractura de mandibula

¿Cuánto tarda en soldarse una fractura de mandíbula? 

El callo óseo inicial empieza a formarse entre la segunda y la cuarta semana. La consolidación funcional, que permite recuperar la masticación progresiva, se alcanza entre la sexta y la octava semana. La consolidación definitiva y la remodelación completa del hueso pueden extenderse hasta los tres o cuatro meses.

Mandíbula fracturada: posibles secuelas

La mayoría de las fracturas mandibulares bien tratadas curan sin dejar secuelas relevantes. En algunos casos pueden aparecer:

  • Maloclusión residual: cambio en la mordida que persiste tras la consolidación. Puede requerir ortodoncia o revisión quirúrgica.
  • Limitación de apertura: trismus crónico por fibrosis muscular o anquilosis de la ATM, más frecuente en fracturas condilares no tratadas a tiempo.
  • Apertura en S, es muy frecuente que tras un manejo conservador (sin cirugía) de una fractura de condilo se produzca un desplazamiento mandibular al abrir y cerrar la boca, con un movimiento de zig zag o en “s”
  • Parestesias o entumecimiento: el nervio dentario inferior puede quedar comprometido en fracturas de cuerpo o ángulo. En la mayoría de los casos mejora progresivamente de 6 a 12 meses.
  • Infección u osteomielitis: complicación poco frecuente pero grave, más probable en fracturas abiertas o en pacientes con patología bucal previa como enfermedad periodontal.

En resumen, la fractura de la mandíbula es una lesión que, tratada a tiempo y por el especialista adecuado, tiene un pronóstico excelente. La clave está en no demorar la valoración, cuanto antes se diagnostica y se estabiliza la fractura, más opciones de tratamiento hay disponibles y menor es el riesgo de complicaciones. Tanto si el tratamiento es conservador como si requiere cirugía, la recuperación completa es la norma, no la excepción. En Clínica IMOS, nuestro equipo de cirugía oral y maxilofacial acompaña al paciente en cada fase del proceso, desde el diagnóstico inicial hasta la rehabilitación funcional. El abordaje integral es una de nuestras principales señas de identidad. Visítanos.

Autor:

El Dr. Eduardo González Cardero es licenciado en Medicina por la Facultad de Medicina de la Universidad de Navarra y Especialista en Cirugía Oral y Maxilofacial, formación desarrollada en el Servicio de Cirugía Oral y Maxilofacial del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla.

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